Has buscado, probado, comparado. Has eliminado el gluten, has dejado los lácteos durante un tiempo o has intentado ajustar tu alimentación. Quizá algunos cambios te han ayudado. Quizá no. Y, a veces, los consejos que recibes parecen incluso contradecirse.
Esta es la realidad diaria de muchas personas que conviven con eczema atópico o con piel atópica. Un estudio publicado en Journal of Dermatological Treatment observó que casi el 87% de los pacientes con dermatitis atópica ya había modificado su dieta en algún momento para intentar mejorar su piel, a menudo sin acompañamiento profesional.
Lo que suele faltar es una orientación fiable, basada en la evidencia y adaptada a lo que realmente ocurre en la piel con tendencia atópica: una piel cuya barrera cutánea está alterada, cuyo sistema inmunitario permanece en estado de alerta y cuya inflamación de base no siempre se ve, pero sí se siente.
Revisar la alimentación es, ante todo, una forma de adoptar una visión más global del estilo de vida. No lo resuelve todo. Pero puede ser una herramienta valiosa para evitar que el terreno inflamatorio se agrave y, en algunos casos, ayudar a aliviarlo.
Noémie Dulion, dietista, comparte 5 reflejos nutricionales para acompañar la piel atópica.
Comprender la piel atópica
Antes de cambiar lo que ponemos en el plato, conviene entender qué ocurre bajo la superficie. La piel atópica se caracteriza por varios desequilibrios:
-
una barrera cutánea alterada, que deja entrar irritantes con más facilidad y pierde agua más rápidamente;
-
una respuesta inmunitaria amplificada, que reacciona de forma exagerada ante estímulos habituales;
-
una inflamación crónica de bajo grado, a menudo silenciosa, pero persistente;
-
un mayor estrés oxidativo, que acelera el desgaste de las células cutáneas.
Estos son los cuatro mecanismos sobre los que la alimentación puede influir de forma positiva, siempre dentro de un enfoque global del estilo de vida. La dieta por sí sola no puede curar el eczema, pero limitar el consumo de alimentos que favorecen la inflamación ya es una manera significativa de cuidar la piel.
Reequilibrar el aporte de ácidos grasos
“La piel atópica presenta de forma natural un desequilibrio entre omega-6 y omega-3. Los omega-3 participan en la modulación de la inflamación y en la síntesis de moléculas antiinflamatorias llamadas resolvinas.” — Noémie Dulion, dietista.
Un estudio realizado por la Universidad de California en San Francisco con 169 pacientes adultos con dermatitis atópica observó que el 59,3% había añadido aceite de pescado u omega-3 a su dieta. Dentro de ese grupo, un 35% afirmó haber notado una mejora en la piel. Estos resultados no generan consenso absoluto en todos los estudios, pero sí muestran el interés que muchos pacientes otorgan a este enfoque.
“La piel atópica suele carecer de los ácidos grasos esenciales que ayudan a sostener la barrera cutánea y a modular la inflamación. Antes de pensar en suplementación, es mejor empezar enriqueciendo la alimentación: pescado azul dos o tres veces por semana, aceite de colza o de nuez para aliñar, un pequeño puñado de nueces o semillas de lino a diario. Es fácil de integrar en las comidas y es uno de los ajustes mejor documentados.” — Noémie Dulion, dietista.
Ideas clave:
-
Priorizar: sardinas, caballa, salmón, nueces, semillas de lino, semillas de chía, aceite de colza o de nuez.
-
Limitar en exceso: aceites refinados y frituras repetidas, que pueden inclinar la balanza hacia un perfil más proinflamatorio.
Adoptar una alimentación antiinflamatoria
Entre los modelos alimentarios estudiados, la dieta mediterránea es uno de los que cuenta con evidencia más sólida en relación con la inflamación sistémica. Puede ayudar a reducir determinados marcadores inflamatorios, acompañar el equilibrio del microbioma y limitar el estrés oxidativo.
No se trata de una dieta restrictiva, sino de una forma de construir el plato:
-
abundancia y variedad de frutas y verduras de temporada;
-
legumbres, como lentejas, garbanzos o alubias, varias veces por semana;
-
cereales integrales en lugar de refinados;
-
aguacate o aceites de oliva, colza o nuez como principales fuentes de grasa;
-
pescado azul, como sardinas, caballa o arenque, y carne blanca con más frecuencia que carne roja.
“No se trata de comer perfecto. Lo importante es la tendencia general: menos ultraprocesados, más diversidad vegetal y mejores grasas. Para la piel con tendencia atópica, esta base alimentaria aporta un punto de partida sólido y relevante.” — Noémie Dulion, dietista.
Cuidar el microbioma intestinal
El eje intestino-piel-inmunidad está cada vez mejor documentado. Un microbioma intestinal desequilibrado puede aumentar la permeabilidad de la pared intestinal, desencadenar una respuesta inflamatoria sistémica y empeorar los síntomas cutáneos.
La diversidad alimentaria es una de las herramientas más accesibles para favorecer este equilibrio:
-
La fibra, presente en verduras, legumbres, frutas y cereales integrales, alimenta las bacterias beneficiosas.
-
Los alimentos fermentados, como el yogur natural, kéfir, chucrut crudo o miso, pueden ayudar a enriquecer la flora intestinal si la digestión los tolera.
-
La variedad de la dieta es protectora en sí misma: cuanto más diversa es la alimentación, más diverso puede ser el microbioma.
“Se habla mucho de los suplementos probióticos, pero los alimentos fermentados y una dieta rica en fibra ya son un excelente punto de partida. En algunas personas con piel atópica, los fermentados pueden ser difíciles de tolerar al principio. Es mejor introducirlos poco a poco y observar cómo responde el cuerpo.” — Noémie Dulion, dietista.
Asegurar un buen aporte de antioxidantes
El estrés oxidativo es mayor en las personas con eczema. Los antioxidantes presentes en la alimentación ayudan a neutralizar los radicales libres y a proteger las membranas celulares, incluidas las de la piel.
Hay tres nutrientes que merecen especial atención:
-
Vitamina E: aceite de germen de trigo, almendras, avellanas, aceite de girasol.
-
Vitamina C: frutas y verduras frescas, especialmente cítricos, pimiento y kiwi.
-
Polifenoles: frutos rojos, aceite de oliva de calidad y té verde.
“No hacen falta suplementos si la alimentación es lo bastante variada y colorida. Variar los colores del plato —naranja, rojo, verde, morado— ya permite cubrir un amplio espectro de antioxidantes. Y es algo accesible para todos.” — Noémie Dulion, dietista.
Identificar y corregir déficits silenciosos
Algunos micronutrientes participan directamente en la función barrera de la piel, en la reparación cutánea y en la regulación inmunitaria. Su déficit puede pasar desapercibido y, sin embargo, agravar un terreno atópico.
Tres nutrientes merecen especial vigilancia:
-
Vitamina D: su papel en la modulación inmunitaria está bien establecido. El déficit es frecuente en Europa, especialmente en invierno. Un ensayo clínico aleatorizado mostró una mejora significativa del eczema con suplementación de vitamina D frente a placebo: el 29% de quienes recibieron suplementación notó una mejora de los síntomas, frente al 16% del grupo placebo.
-
Zinc: participa en la cicatrización y en la regulación de citoquinas. Puede ser insuficiente en personas que siguen dietas de exclusión prolongadas.
-
Hierro: un déficit asociado puede debilitar todavía más la piel y el sistema inmunitario.
“Estos déficits no se ven a simple vista. Antes de tomar cualquier suplemento, siempre recomiendo realizar un análisis de sangre. Suplementar sin comprobarlo antes es un riesgo innecesario y, a veces, puede ser contraproducente. Un profesional sanitario puede orientar hacia la dosis adecuada según cada situación.” — Noémie Dulion, dietista.
7 preguntas frecuentes sobre eczema y alimentación
¿Los ultraprocesados pueden agravar el eczema?
No son una causa directa del eczema, pero algunos alimentos, especialmente los ultraprocesados, pueden agravar el terreno inflamatorio. Hablamos de factores externos agravantes, del mismo modo que pueden serlo el polen, los tejidos irritantes o la sudoración.
Los ultraprocesados suelen ser ricos en grasas saturadas, aditivos y azúcares refinados, y pobres en fibra. Esto puede alterar el microbioma y favorecer una inflamación crónica. Como el eczema es una condición inflamatoria, este tipo de alimentación puede empeorar el terreno inflamatorio.
¿Debo consultar con un profesional antes de cambiar mi dieta?
Sí, especialmente si estás pensando en eliminar grupos de alimentos o tomar suplementos. Trabajar con un médico o dietista permite adaptar las recomendaciones a tu situación real, prevenir déficits nutricionales y no pasar por alto una posible alergia alimentaria que requiera un manejo específico.
Eczema y alimentación: ¿por dónde empezar si no sé qué desencadena un brote?
Como primer paso, empieza observando, sin eliminar todo a la vez. Llevar un diario alimentario durante dos o tres semanas puede ayudar a identificar posibles correlaciones entre determinados alimentos y un empeoramiento de los síntomas.
No es una ciencia exacta, pero sí un punto de partida útil. Lo ideal es compartirlo después con un profesional sanitario o dietista para no navegar este proceso en solitario.
¿Hay otros hábitos de vida que conviene revisar si tienes piel atópica?
Sí. La calidad del aire interior es uno de ellos. Un aire demasiado seco empeora la sequedad cutánea y puede favorecer brotes. Esto ocurre especialmente en invierno, cuando la calefacción, sobre todo la eléctrica, seca el ambiente de las habitaciones. Se recomienda que la humedad no baje del 30%.
Algunos hábitos sencillos para mejorar el aire interior son:
-
ventilar las habitaciones a diario, tanto en verano como en invierno, aunque sean solo cinco minutos;
-
mantener una temperatura de 19 a 21 °C durante el día y alrededor de 18 °C por la noche;
-
colocar un vaso de agua sobre el radiador o dejar la puerta del baño abierta después de la ducha;
-
añadir plantas de interior, ya que algunas ayudan a purificar el aire y liberan humedad.
Además, los brotes de eczema pueden afectar a la calidad del sueño. Puedes ampliar este tema en el artículo de Mustela sobre eczema y sueño.
¿Qué relación hay entre la piel atópica y el estrés?
El estrés no causa el eczema atópico, suele ser más una condición hereditaria, no contagiosa y vinculada a un terreno inmunitario particular. Sin embargo, sí puede participar en la aparición o el empeoramiento de un brote.
Gestionar los picos de estrés forma parte de un estilo de vida globalmente beneficioso para la piel atópica, igual que la alimentación o la calidad del aire interior.
¿Cuáles son los primeros signos de un brote de eczema?
Algunos signos pueden servir de aviso:
-
piel seca en todo el cuerpo a pesar de hidratarla regularmente, áspera al tacto y que puede descamarse en algunas zonas;
-
aparición de placas rojas en las mejillas, la barbilla, los brazos o en el abdomen, incluso a veces acompañadas de pequeñas ampollas que confirman el brote;
-
picor que lleva al rascado.
¿Se pueden prevenir los brotes de eczema?
Parcialmente, sí. El uso diario de cremas emolientes de forma preventiva, incluso fuera de los brotes, puede reducir el riesgo de desarrollar eczema atópico³ entre un 33% y un 50% en bebés con antecedentes familiares.
De forma más amplia, un estilo de vida adaptado —cuidado regular de la piel, buena calidad del aire, alimentación equilibrada y gestión del estrés— puede ayudar a espaciar los brotes y limitar su intensidad.
En Mustela puedes encontrar la gama Stelatopia para piel atópica, formulada para acompañar el cuidado diario de la piel seca o atópica.
Fuentes
-
Nosrati A, Afifi L, Danesh MJ, et al. Dietary modifications in atopic dermatitis: patient-reported outcomes. Journal of Dermatological Treatment. 2017;28(6):523-538.
-
Camargo C, Ganmaa D, Sidbury R. Randomized trial of vitamin D supplementation for winter-related atopic dermatitis in children. Journal of Allergy and Clinical Immunology. 134, 831-835.e1.
-
J. Kottner et al. Journal of the European Academy of Dermatology and Venereology. 2023;37:540–548