Los primeros días en la guardería son un hito importante. Para muchas familias, esta etapa está llena de emociones. Tanto si tu hijo llora al dejarlo como si entra sin mirar atrás, el periodo de adaptación puede despertar sentimientos inesperados, tanto en los padres como en los niños. La buena noticia es que la transición a la guardería esta ampliamente estudiada y respaldada por los conocimientos sobre desarrollo infantil. Marine Ughetto-Monfrin, directora de una guardería gestionada por las propias familias, comparte su experiencia para ayudarte a comprender qué es normal, qué señales prestar atención y cómo acompañar a tu hijo durante esta etapa para que puedas vivirla con mayor tranquilidad.
Diferentes tipos de guarderías
Antes de analizar con más detalle el periodo de adaptación a la guardería —también conocida como escuela infantil— , resulta útil conocer el tipo de centro al que asistirá tu hijo, ya que las prácticas pueden variar. Es importante tener en cuenta que cada centro de educación infantil tiene sus propias normas y su propio enfoque educativo, aunque los principios fundamentales suelen ser muy similares:
- Escuelas infantiles públicas: pueden ser de titularidad autonómica o municipal y estar gestionadas de forma directa o indirecta.
- Escuelas infantiles privadas: están gestionadas por entidades privadas y deben contar con la autorización de la Administración educativa correspondiente.
«En el caso de Francia, por ejemplo, la normativa exige un profesional por cada cinco niños que aún no caminan y uno por cada ocho niños que ya caminan. En nuestro centro, la proporción es de un adulto por cada dos o tres niños, lo que permite una transición más suave para todos». — Marine Ughetto-Monfrin, directora de guardería
En España, las ratios del primer ciclo de Educación Infantil las establece cada comunidad autónoma. En la mayoría de ellas, el máximo es de ocho niños en las aulas de menores de un año, de entre diez y catorce niños en las de uno a dos años y de entre dieciséis y veinte niños en las de dos a tres años. Algunos centros trabajan con grupos más reducidos, por lo que conviene preguntar cuántos niños y profesionales habrá realmente en el aula
Independientemente del tipo de centro, el proceso de adaptación se basa en los mismos principios del desarrollo, con el objetivo de garantizar la seguridad emocional de los niños.
¿Por qué es tan importante el periodo de adaptación a la guardería?
Ofrecer una transición gradual
El periodo de adaptación a la guardería es una fase de transición estructurada que suele extenderse entre una y dos semanas. Durante este tiempo, el niño pasa gradualmente de recibir los cuidados continuos de sus padres a ser atendido por profesionales de la primera infancia en la guardería.
La mayoría de los centros comienzan con visitas breves de una o dos horas, que se amplían gradualmente a medida que el niño se familiariza con su nuevo entorno. Siempre que sea posible, planifica este periodo antes de volver al trabajo para poder vivirlo con más calma.
«El niño descubre el centro y el entorno, mientras que los profesionales de la primera infancia conocen sus necesidades y su temperamento. La prioridad es conocer al niño, pero también —y, sobre todo— construir una relación de confianza con la familia y los padres para que el niño se sienta seguro». — Marine Ughetto-Monfrin, directora de guardería
Esta relación con los padres es tan importante como el vínculo que se construye con el niño. Cuando un padre o una madre siente dudas sobre el centro elegido o experimenta una ansiedad considerable ante la separación, esto suele afectar a la sensación de seguridad emocional del niño y a su comportamiento a lo largo del día. La confianza de los padres suele favorecer que el bebé esté más tranquilo.
«De media, los padres tardan entre nueve y diez meses en confiar realmente en nosotros y en que la relación fluya. Cuanto más tiempo dedicamos a hablar de verdad sobre lo que está viviendo el padre o la madre y sobre cómo le van las cosas al niño, más fuerte se vuelve ese vínculo de confianza». — Marine Ughetto-Monfrin, directora de guardería
Comprender el papel del apego
El trabajo de John Bowlby¹ sobre el apego entre padres e hijos ayuda a explicar que los niños están biológicamente preparados para buscar la cercanía de una figura de apego —con mayor frecuencia, uno de sus padres— capaz de responder a sus señales y satisfacer sus necesidades.
«El padre o la madre es la principal figura de apego del niño: el niño sabe que puede satisfacer sus necesidades en cualquier momento. Ante adultos desconocidos, el niño todavía no sabe si esas personas podrán responder a sus necesidades porque aún no ha tenido la oportunidad de construir una relación de apego con ellas». — Marine Ughetto-Monfrin, directora de guardería
Comprender la ansiedad por separación
El vínculo que se forma con una figura de apego principal sienta las bases de la seguridad emocional. Durante los primeros meses de vida, los niños todavía no son capaces de entenderse como individuos separados y distintos de sus padres. La ansiedad por separación es un hito clave del desarrollo y refleja un proceso fisiológico normal.
«Alrededor de los ocho o nueve meses de edad, solemos hablar de ansiedad por separación. En esta etapa, el cerebro del niño se ha desarrollado lo suficiente para que comprenda que es un individuo separado y distinto de sus padres. Es un proceso fisiológico y una etapa normal del desarrollo que observamos, en mayor o menor medida, en todos los niños». — Marine Ughetto-Monfrin, directora de guardería
La persona de referencia: una presencia tranquilizadora en un entorno nuevo
El sistema de la persona de referencia, en el que se asigna a cada niño un profesional concreto que actúa como figura de apego secundaria durante el día, se remonta al periodo de posguerra.
«Este concepto se introdujo a través de la pedagogía Pikler, desarrollada por una médica que trabajó en orfanatos de Budapest después de la guerra. A los niños se les asignaba un adulto de referencia para reforzar su seguridad emocional. En teoría, la persona de referencia cuida de los mismos niños durante todo el año. Sin embargo, no siempre es así en todos los centros. Si un bebé desarrolla una conexión más fuerte con otro profesional, se pueden hacer cambios. De hecho, las relaciones de apego pueden cambiar varias veces a lo largo de un año. Ser capaces de reconocer estos cambios nos ayuda a responder de manera más eficaz a las necesidades emocionales del niño en cada momento». — Marine Ughetto-Monfrin, directora de guardería
¿Cómo es el proceso de adaptación a la guardería?
Aunque el periodo de adaptación a la guardería —también denominado periodo de familiarización— puede variar ligeramente de un centro a otro, por lo general se estructura de forma similar. Dura al menos una semana y puede ampliarse en función de las necesidades tanto del niño como de sus padres. Algunas familias extienden el proceso durante dos o incluso tres semanas, y es totalmente válido. No dudes en hablarlo con el centro de educación infantil que va a recibir a tu bebé.
«En nuestro centro, organizamos incorporaciones escalonadas de acuerdo con las familias. Por ejemplo, si tengo nueve bebés que empiezan en septiembre, programo un máximo de dos periodos de adaptación por semana para que el equipo tenga tiempo de aprender a trabajar con esos bebés antes de recibir a otros nuevos». — Marine Ughetto-Monfrin, directora de guardería
Etapas habituales del periodo de adaptación
Cada escuela infantil organiza este periodo de una manera diferente, adaptándolo, en la medida de lo posible, a las necesidades y al ritmo de cada niño. Aunque no existe un único modelo, el proceso puede dividirse de la siguiente forma. Marine Ughetto-Monfrin nos comparte el método que aplican en su guardería:
- Día 1: el niño acude con uno de sus padres, que permanece en el centro entre 30 minutos y 2 horas para que pueda familiarizarse con el entorno y los profesionales. Se rellena un formulario de adaptación en el que se registran las rutinas, la información importante, la introducción de alimentos y otros detalles relevantes.
- Día 2: el padre o la madre y el niño pasan un rato juntos en el centro y, a continuación, se realiza un primer intento de separación de entre 30 minutos y 1 hora y 30 minutos, en función de lo cómodo que se sienta el niño.
- Día 3: se añade una comida al tiempo que el niño pasa en la guardería y la separación de sus padres se produce en cuanto llega.
- Día 4: el niño pasa un día corto en el centro, que incluye una comida y una siesta.
- Día 5: el niño sigue una jornada habitual conforme a su horario de cuidado. Si todo va bien, puede comenzar la asistencia regular. Si es necesario, el periodo de adaptación continúa gradualmente durante la semana siguiente.
Los efectos tardíos del inicio de la guardería
Unas semanas después del periodo de adaptación, los padres y los profesionales pueden observar una reacción tardía en el niño. Es algo habitual y, por lo general, no hay motivo para preocuparse. En la práctica, algunos niños que al principio parecían haberse adaptado muy bien pueden atravesar una etapa más difícil tres o cuatro semanas después. Esto puede manifestarse durante las siestas, las comidas o en el momento de la separación.
«Es una fase completamente normal. Una vez que desaparece la novedad, el niño empieza a comprender que esto sucede todos los días y que la separación será una parte recurrente de su rutina». — Marine Ughetto-Monfrin, directora de guardería
Gestionar el momento de la separación con tranquilidad
Crear un ritual de despedida que realmente funcione
Un ritual de despedida no tiene que ser elaborado; solo debe ser constante.
Una frase familiar, un gesto concreto o una secuencia sencilla de acontecimientos pueden ayudar a tu hijo a anticipar que el momento de separación que se acerca. Saber qué va a ocurrir les aporta una enorme tranquilidad a los niños.
«Si las mañanas son difíciles, no significa que el niño no quiera ir a la guardería o que no esté contento allí. Simplemente significa que está tomando conciencia de esta transición. Es importante reconocer la separación y explicar que el padre o la madre se marcha mientras el niño se queda. Y, sobre todo, el niño debe comprender que, aunque su padre o su madre se haya ido, siempre volverá». — Marine Ughetto-Monfrin, directora de guardería
Tres formas prácticas de facilitar la separación:
- Dile a tu hijo que te marchas, aunque esté completamente concentrado en una actividad.
- Anímale a verte marchar y a despedirse si así lo desea.
- Recuérdale que volveréis a veros al final del día.
Los objetos de apego y su función
Un objeto de apego —como una mantita, un peluche o un olor conocido— actúa como puente entre el mundo tranquilizador del hogar y el nuevo entorno de la guardería (Winnicott², 1953).
«En nuestro centro, si un niño no tiene chupete ni objeto de apego, pedimos a los padres que traigan un objeto de casa o una prenda de ropa. La idea es que el niño lleve algo de casa que permanezca con él durante el día y vuelva con él por la tarde, ayudando a crear una conexión entre ambos entornos». — Marine Ughetto-Monfrin, directora de guardería
La relación con el equipo: un factor clave que no debe pasarse por alto
Como ya se ha mencionado, la guardería no es únicamente un lugar en el que se cuida a los niños. Favorecer la sensación de seguridad de toda la familia es igual de importante.
La reunión inicial de inscripción, el periodo de adaptación y los intercambios diarios de información son oportunidades valiosas para construir una relación de confianza.
«No nos centramos únicamente en el niño; también tenemos en cuenta la unidad familiar y el entorno familiar. Todos estos factores pueden afectar a la experiencia de la maternidad y la paternidad y, a su vez, al bienestar del niño». — Marine Ughetto-Monfrin, directora de guardería
Algunos centros también ofrecen otras oportunidades de encuentro, como jornadas de puertas abiertas, sesiones de descubrimiento y celebraciones de fin de curso. Estos eventos permiten a los padres conocer a los profesionales que cuidan de su hijo durante la semana.
«Construir una relación con los padres es realmente la base de todo. En nuestro centro, ya en junio o julio, invitamos a las familias a visitarnos para que los niños puedan familiarizarse con el entorno y con el trayecto hasta allí, mientras que los padres pueden conocernos y comprender cómo trabajamos. Esto no siempre es posible en todos los centros, pero he observado que marca una enorme diferencia durante el periodo de adaptación. Construir la confianza suele ser más difícil cuando solo ves a los padres diez minutos por la mañana y diez minutos por la tarde». — Marine Ughetto-Monfrin, directora de guardería
¿Qué señales indican que mi hijo se está adaptando bien?
Señales positivas
- Come y duerme bien.
- Muestra interés por el entorno, los juguetes u otros niños.
- Se calma con bastante rapidez después de que su padre o su madre se marche.
- Reconoce a su cuidador de referencia, aunque siga mostrándose reacio en el momento de la despedida.
- Habla sobre la guardería en casa, aunque sea brevemente.
- En el momento de la recogida, algunos niños pueden parecer indiferentes cuando llega su padre o su madre porque están completamente concentrados en una actividad. Por lo general, es una señal positiva y no un motivo de preocupación.
Señales a las que prestar atención
- Un malestar intenso y continuo que no disminuye después de varias semanas.
- Cambios importantes en el sueño, el apetito o el comportamiento en casa.
- Una regresión prolongada en habilidades previamente adquiridas.
- Estallidos emocionales intensos por la tarde porque el niño no se ha sentido lo bastante seguro para expresar sus emociones durante el día en la guardería.
Acompañar a tu hijo en casa durante el periodo de adaptación a la guardería
Mantener rutinas constantes y predecibles
El periodo de adaptación no es el momento ideal para cambiar los horarios de sueño o las rutinas de las comidas. La constancia en casa proporciona una base estable desde la que tu hijo puede afrontar las nuevas experiencias que trae consigo la guardería.
El momento de desconexión después de la guardería
Muchos niños afrontan el día sorprendentemente bien y solo empiezan a liberar sus emociones cuando vuelven a casa. Estos momentos pueden resultar difíciles para los padres, pero es importante recordar que suelen ser una señal positiva de apego seguro.
Tu hijo ha pasado el día en un entorno muy estimulante. Puede que haya contenido algunas de sus emociones o que simplemente se haya concentrado en adaptarse a todo lo que lo rodea. Una vez en casa, donde se siente completamente seguro, por fin puede soltar todo lo que ha estado acumulando a lo largo del día.
«Este periodo de desconexión después de un día en la guardería es extremadamente habitual. El comportamiento del niño suele cambiar en cuanto llega su padre o su madre. Algunos niños que han estado muy tranquilos durante el día empiezan de repente a gritar o a correr de un lado a otro. Observamos con frecuencia que el comportamiento de un niño difiere en función de si su padre o su madre está presente. Lo vemos especialmente durante las medias jornadas en las que los padres permanecen en el centro». — Marine Ughetto-Monfrin, directora de guardería
Sueño y apetito: ¿cómo les afecta empezar la guardería?
El aumento del cansancio, las alteraciones del sueño y los cambios en el apetito son habituales durante las primeras semanas. El cuidado infantil en grupo implica de forma natural una estimulación cognitiva, social y emocional. Más ruido, más interacciones, más espacio para explorar… Este periodo de adaptación puede resultar realmente agotador para los niños pequeños y puede notarse especialmente por la noche.
«Cuando un niño empieza a asistir a un centro de cuidado infantil en grupo, las rutinas suelen cambiar. Puede que tenga que despertarse más temprano que antes. Los días en la guardería pueden ser muy estimulantes, lo que puede afectar al sueño en casa. Algunos niños aprovechan para dormir más cuando están lejos de su figura de apego principal, mientras que, cuando su padre o su madre está presente, prefieren pasar tiempo con ellos. Además, en la guardería, un adulto suele acompañar las siestas, lo que ayuda a los niños a pasar más fácilmente de un ciclo de sueño a otro». — Marine Ughetto-Monfrin, directora de guardería
Es importante recordar que los niños solo pueden dominar un hito del desarrollo a la vez. En otras palabras, cuando un niño está adquiriendo una nueva habilidad —caminar, hablar, comer, dormir, controlar los esfínteres, etc.—, es muy habitual observar regresiones temporales en habilidades adquiridas previamente o una ralentización del progreso en otras áreas que aún están en desarrollo.
«Una vez que se domina una habilidad, el cerebro libera espacio para un nuevo proceso de aprendizaje. Entonces, el ciclo comienza de nuevo. Esto se nota especialmente en los niños menores de tres años, pero también ocurre en el colegio, hasta aproximadamente los seis o siete años». — Marine Ughetto-Monfrin, directora de guardería
Adaptación a la guardería: respuestas a tus preguntas
¿Cuánto dura el periodo de adaptación?
La mayoría de las guarderías distribuyen el proceso de adaptación a lo largo de una o dos semanas y aumentan gradualmente el tiempo de asistencia del niño.
Cada niño es diferente. Algunos se adaptan en pocos días, mientras que otros necesitan varias semanas. Pedir más tiempo siempre es perfectamente razonable, así que no dudes en hablar sobre tus necesidades con los profesionales que cuidan de tu hijo.
¿Puedo quedarme con mi hijo durante el periodo de adaptación?
Depende de las normas y del modelo de adaptación de cada escuela infantil. Algunos centros permiten que una persona de referencia permanezca con el niño durante un tiempo los primeros días, mientras que otros organizan estancias breves o entradas escalonadas sin la presencia de la familia.
Si crees que te ayudaría quedarte un poco más durante los días siguientes para reforzar tu propia confianza, habla con el equipo de la guardería. Por lo general, podrán orientarte y acompañarte.
Mi hijo llora todas las mañanas: ¿es normal?
En muchos sentidos, puede resultar tranquilizador que un niño reaccione ante la separación de sus padres. Desde la perspectiva del desarrollo, demuestra que existe un vínculo emocional fuerte.
No significa que tu hijo no sea feliz en la guardería. En muchos casos, una vez que su padre o su madre se ha marchado, el niño se calma rápidamente y empieza a interactuar con su entorno.
«A veces sugerimos a los padres que llamen después de marcharse o les enviamos una foto para tranquilizarles y mostrarles que todo va bien. Es otra forma de seguir construyendo una relación de confianza con las familias». — Marine Ughetto-Monfrin, directora de guardería
¿Cómo se comparte la información entre el personal de la guardería y los padres?
«Por la mañana, anotamos la hora a la que se ha despertado el niño y cuándo ha comido por última vez, ya que esto influye en el ritmo de su día. También hablamos sobre su bienestar general el día anterior, además de cualquier información relevante, como el cambio de la cuna a una cama a ras de suelo, la introducción de nuevos alimentos o los cambios dentro de la familia. Por la tarde, informamos a los padres sobre las rutinas del niño a lo largo del día, cómo han ido las comidas y las siestas y qué ha despertado su interés, por ejemplo, si ha pasado más tiempo dentro o al aire libre o si ha descubierto una actividad concreta». — Marine Ughetto-Monfrin, directora de guardería
Mi bebé se niega a tomar el biberón en la guardería: ¿qué debo hacer?
Las comidas cambian considerablemente cuando los niños empiezan a ir a la guardería. Las personas nuevas, los demás niños, el entorno diferente y el aumento del nivel de ruido requieren un proceso de adaptación.
La comunicación diaria con el equipo de la guardería te ayudará a comprender cómo va la alimentación y si tu hijo se está adaptando cómodamente. Si la alimentación se convierte en un motivo de preocupación, no dudes en hablarlo abiertamente con los profesionales que cuidan de tu hijo.
«En nuestro centro, no recibiríamos a un niño durante un día completo si no estuviera comiendo. Puede haber muchas razones detrás de las dificultades de alimentación: problemas en la motricidad orofacial, una falta de seguridad emocional con el personal durante los primeros días o diferencias de sabores y texturas con respecto a los de casa. La clave es construir una relación de confianza con el niño para que la transición pueda desarrollarse con tranquilidad». — Marine Ughetto-Monfrin, directora de guardería
¿Qué ocurre si mi hijo está enfermo?
«Preparamos a los padres con antelación para la realidad de las enfermedades infantiles. Es poco probable que un niño que no se encuentra bien porque está enfermo pase un buen día en la guardería. No es que no queramos recibirlo; en la mayoría de los casos, simplemente estará más cómodo descansando en casa que pasando el día en un entorno de grupo, aunque entendemos que esto puede resultar complicado desde el punto de vista práctico. Forma parte de la vida en un entorno de cuidado colectivo. No estamos aquí únicamente para cuidar a los niños mientras sus padres trabajan; la calidad de los cuidados va más allá. Oficialmente, solo un número limitado de enfermedades exige la exclusión obligatoria. Más allá de eso, mucho depende del criterio de los padres. Por supuesto, si un niño empieza a encontrarse mal durante el día, informamos inmediatamente a sus padres». — Marine Ughetto-Monfrin, directora de guardería
Desde un punto de vista práctico, gestionar el cuidado de tu hijo cuando está enfermo no siempre es fácil. Algunas empresas ofrecen permisos para el cuidado de familiares o personas dependientes en estas situaciones, por lo que puede merecer la pena consultar qué medidas de apoyo están disponibles en tu lugar de trabajo.
¿Es posible continuar con la lactancia mientras mi hijo va a la guardería?
«Es importante hablar con el equipo de la guardería sobre tus planes de lactancia. Seguimos un protocolo específico para recibir la leche materna extraída por la mañana, así como unos requisitos relativos a los recipientes de conservación. Las madres lactantes también pueden tener la posibilidad de dar el pecho en el centro. Sin embargo, procuramos que las separaciones y los reencuentros repetidos a lo largo del día no resulten desestabilizadores para el niño». — Marine Ughetto-Monfrin, directora de guardería
Mi bebé todavía no tiene una rutina establecida. ¿Afectará esto a sus cuidados?
«Cada bebé tiene su propio ritmo y es importante respetarlo. En el aula de bebés, nuestra prioridad es garantizar la seguridad emocional del niño y asegurarnos de poder dedicar tiempo individual a cada uno. Dentro de nuestro enfoque educativo, introducimos gradualmente rutinas recurrentes diseñadas para favorecer el desarrollo de un ritmo más social. A los niños mayores que necesiten dormir antes que los demás se les seguirá permitiendo hacerlo, pero, poco a poco, les ayudamos a avanzar hacia un ritmo diario compartido, porque es lo que finalmente vivirán en el colegio , con horarios comunes para las comidas y la siesta». — Marine Ughetto-Monfrin, directora de guardería
Mi bebé dormía toda la noche antes de empezar la guardería, pero ahora vuelve a despertarse. ¿Es normal?
«Un niño que pasa de ocho de la mañana a seis de la tarde en la guardería puede sentir que la noche es la única oportunidad que tiene para volver a conectar con su padre o su madre. Esto puede explicar la aparición de nuevos despertares nocturnos, que le permiten compensar esa cercanía perdida». — Marine Ughetto-Monfrin, directora de guardería
¹ Bowlby, J. (1969). Attachment and Loss, vol. 1. Basic Books.
² Winnicott, D. W. (1953). Transitional Objects and Transitional Phenomena.