Es muy habitual encontrar bebés que toman infusiones por diferentes motivos (quizá para hidratarse, para tratar el cólico del lactante o bien para que duerma mejor). Sin embargo, estos preparados no son lo más indicado para los pequeños, por muchos motivos

En primer lugar, las infusiones preparadas a base de hierbas o plantas contienen principios activos, al igual que los medicamentos, cuyos efectos no se han observado en bebés dado que no hay estudios sobre ello. En general los principios activos actúan en función de la dosis y deben ser suministrados en función del peso del individuo para evitar intoxicaciones, por lo que no es lo mismo darle a un bebé de dos meses tres infusiones de manzanilla al día que dárselas a un bebé de siete meses que pesa casi el doble. Y a día de hoy no sólo no sabemos a ciencia cierta qué efectos son esos sino que se ha visto que se pueden producir reacciones alérgicas por contacto o consumo de manzanilla, tal como apunta el Centro Nacional de Medicina Complementaria y Alternativa (NCCAM). A esto hay que añadir que las dosis no están estandarizadas, por lo que una marca de infusiones puede tener más principios activos que otra a iguales cantidades. Por todo ello, es preferible no dárselas al niño y, en caso de hacerlo, consultarlo previamente y que lo supervise el pediatra u otro profesional sanitario especializado. Que sea “natural” no significa que sea mejor o más sano.

En segundo lugar, se utilizan habitualmente para calmar o mejorar ciertos síntomas como nerviosismo, cólico del lactante, problemas de sueño, irritabilidad, problemas de dentición, alteraciones digestivas, etc). Pues bien, no hay pruebas concluyentes ni consistentes que indiquen que estas infusiones alivien dicha sintomatología, por lo que su uso en este sentido no estaría justificado.

En tercer lugar, si se utilizan las infusiones para que el bebé tome agua estamos dando por hecho que no la toma y/o que la necesita. Por un lado, los bebés amamantados menores de 6 meses no necesitan tomar agua (ni infusiones) pues la leche materna (o en su defecto, la leche de fórmula) contiene gran cantidad de agua, siendo suficiente para el bebé, según afirma el Comité de Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría (AEPED). Por otro lado, si tiene más de seis meses y ya ingiere otros alimentos complementarios a la lactancia, tampoco sería necesario, aunque si detectamos que el niño tiene sed habría que darle agua. Sólo y exclusivamente agua, y del grifo. Sólo ellos saben si la necesitan, y en ese caso, la pedirán. Además, cuando damos infusiones a los bebés estamos llenando su minúsculo estómago con algo que no les nutre, lo que puede desplazar el consumo de verdaderos nutrientes que son los que realmente necesita.

Por último, pero no menos importante, las infusiones preparadas para bebés contienen elevadas cantidades de azúcar (una media del 90% del peso es azúcar en forma de dextrosa y sólo el 4-9% son hierbas). Así, si damos 3 infusiones de 100 ml a un bebé de 5 meses, le estamos dando cercad e 14 gramos de azúcar proveniente de las infusiones. Es decir, les estamos dando agua con azúcar desde que tienen pocos meses de edad, lo que supone un efecto muy importante en su posterior apetencia por los sabores dulces (y esto se relaciona también con el rechazo por otros alimentos que no sean dulces).

Por lo tanto, no es recomendable dar infusiones a los bebés, pues no les aportan ningún valor nutricional adecuado (sólo azúcar) y además desplaza el consumo de alimentos de verdad.