¿Puedo dar el pecho si mi hijo es intolerante a la lactosa?Febrero 2018

La intolerancia a la lactosa es una reacción adversa al consumo de alimentos que contienen lactosa y se clasifica de distintas formas según su origen. La más común es la intolerancia primaria que se debe a una disminución progresiva de la producción de dicha enzima por nuestro cuerpo. Este tipo es más frecuente en niños desde los cinco a los siete años. Más común en niños lactantes es la intolerancia secundaria a la lactosa, causada por una deficiencia secundaria de lactosa. Hay una tercera condición que afecta a recién nacidos y que es la forma de intolerancia más grave en lactante. La deficiencia congénita de lactasa, que es de origen genético y poco frecuente. Se caracteriza por la ausencia total  o parcial de lactasa y los recién nacidos presentan diarrea severa desde la primera ingesta de leche materna.

 

Otro caso de intolerancia a la lactosa en recién nacidos se da en prematuros. La actividad de la lactasa va aumentando en el feto durante la gestación y es máxima al nacer. Sin embargo, en bebés prematuros, puede suceder que la producción del enzima no haya llegado a su máximo y se produzca una deficiencia relativa de lactasa que provoque que el recién nacido muestre síntomas de intolerancia.

 

Diagnóstico de la intolerancia a la lactosa

 

Hay diferentes métodos diagnósticos, los más empleados en bebés por ser los menos invasivos son la historia cínica, el análisis de las heces y el test de hidrogeno espirado. La historia clínica consiste en la determinación de intolerancia mediante la relación de los síntomas con la ingesta de alimentos con lactosa. Este método diagnóstico suele confirmar las sospechas de que se trate de intolerancia a la lactosa. Para una mayor confirmación suele emplearse en bebés el análisis de heces. En ellas se puede medir tanto la presencia de lactosa como el pH, que a causa de la fermentación suelen aparecer heces acidificadas. El test de hidrogeno espirado puede realizarse en lactantes de mayor edad. Consiste en la detección de hidrógeno en el aliento del bebé después de haber consumido una bebida rica en lactosa.

 

¿Qué hacer ante la sospecha de intolerancia a la lactosa en el lactante?

 

En primer lugar la obtención de un diagnóstico adecuado por un profesional es fundamental. El diagnóstico debe aclarar el origen de la intolerancia, ya que, la forma de actuar será diferente dependiendo del mismo. Una vez establecido el diagnóstico, el tratamiento deberá ser retirar los alimentos con lactosa, por lo que si se desea mantener la lactancia materna, la madre deberá seguir una dieta libre de lactosa, o bien como alternativa utilizar fórmulas artificiales sin lactosa.

En el caso de la intolerancia secundaria y en prematuros, la retirada de la lactancia materna solo sería temporal hasta que se recupere la integridad del intestino. Ambas serán las causas más probables de intolerancia en lactantes de corta edad, pues suele darse tras, por ejemplo, una gastroenteritis. En estos casos, es importante mantener la lactancia materna ya que la leche materna contiene bacterias lácticas que ayudan a la recuperación de la flora intestinal.

 

La intolerancia primaria en bebés probablemente se manifieste en lactantes a partir del año o de los dos años. En este caso debe retirarse la lactosa de la dieta. Si se desea continuar con lactancia materna, es posible probando la tolerancia del niño. Si la intolerancia no es muy severa, probablemente tolere cierta cantidad de lactosa y podamos continuar dando alguna toma de leche materna al día sin que la madre modifique sus pautas alimentarias. En el caso de la intolerancia a la lactosa congénita o bien de galactosemia (intolerancia congénita a la galactosa), se deberá ser más estricto y retirar totalmente la lactancia materna y evitar darle al bebé cualquier leche que contenga lactosa.

 

La intolerancia a la lactosa es una reacción adversa al consumo de alimentos que contienen lactosa. Las molestias propias de esta patología como gases, diarrea o hinchazón abdominal se deben a que la lactosa es fermentada en el colon por las bacterias que forman la microbiota intestinal.

 

La intolerancia a la lactosa se clasifica de distintas formas según su origen. La más común es la intolerancia primaria que se debe a una disminución progresiva de la producción de dicha enzima por nuestro cuerpo. Este tipo es más frecuente en niños desde los cinco a los siete años. Más común en niños lactantes es la intolerancia secundaria a la lactosa, causada por una deficiencia secundaria de lactosa.

 

Hay una tercera condición que afecta a recién nacidos y que es la forma de intolerancia más grave en lactante. La deficiencia congénita de lactasa, que es de origen genético y poco frecuente. Se caracteriza por la ausencia total  o parcial de lactasa y los recién nacidos presentan diarrea severa desde la primera ingesta de leche materna.

Otro caso de intolerancia a la lactosa en recién nacidos se da en prematuros. La actividad de la lactasa va aumentando en el feto durante la gestación y es máxima al nacer. Sin embargo, en bebés prematuros, puede suceder que la producción del enzima no haya llegado a su máximo y se produzca una deficiencia relativa de lactasa que provoque que el recién nacido muestre síntomas de intolerancia.

 

Diagnóstico de la intolerancia a la lactosa

 

Hay diferentes métodos diagnósticos, los más empleados en bebés por ser los menos invasivos son la historia cínica, el análisis de las heces y el test de hidrogeno espirado. La historia clínica consiste en la determinación de intolerancia mediante la relación de los síntomas con la ingesta de alimentos con lactosa. Este método diagnóstico suele confirmar las sospechas de que se trate de intolerancia a la lactosa. Para una mayor confirmación suele emplearse en bebés el análisis de heces. En ellas se puede medir tanto la presencia de lactosa como el pH, que a causa de la fermentación suelen aparecer heces acidificadas. El test de hidrogeno espirado puede realizarse en lactantes de mayor edad. Consiste en la detección de hidrógeno en el aliento del bebé después de haber consumido una bebida rica en lactosa.

 

¿Qué hacer ante la sospecha de intolerancia a la lactosa en el lactante?

 

En primer lugar la obtención de un diagnóstico adecuado por un profesional es fundamental. El diagnóstico debe aclarar el origen de la intolerancia, ya que, la forma de actuar será diferente dependiendo del mismo. Una vez establecido el diagnóstico, el tratamiento deberá ser retirar los alimentos con lactosa, por lo que si se desea mantener la lactancia materna, la madre deberá seguir una dieta libre de lactosa, o bien como alternativa utilizar fórmulas artificiales sin lactosa.

 

En el caso de la intolerancia secundaria y en prematuros, la retirada de la lactancia materna solo sería temporal hasta que se recupere la integridad del intestino. Ambas serán las causas más probables de intolerancia en lactantes de corta edad, pues suele darse tras, por ejemplo, una gastroenteritis. En estos casos, es importante mantener la lactancia materna ya que la leche materna contiene bacterias lácticas que ayudan a la recuperación de la flora intestinal.

 

 

La intolerancia primaria probablemente se manifieste en lactantes a partir del año o de los dos años. En este caso debe retirarse la lactosa de la dieta. Si se desea continuar con lactancia materna, es posible probando la tolerancia del niño. Si la intolerancia no es muy severa, probablemente tolere cierta cantidad de lactosa y podamos continuar dando alguna toma de leche materna al día sin que la madre modifique sus pautas alimentarias. En el caso de la intolerancia a la lactosa congénita o bien de galactosemia (intolerancia congénita a la galactosa), se deberá ser más estricto y retirar totalmente la lactancia materna y evitar darle al bebé cualquier leche que contenga lactosa.

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