Por qué los niños prefieren el sabor dulceMayo 2019

Los sabores comienzan a adquirirse durante la gestación, y esto podría influir en sus gustos futuros. De esta misma forma, el tipo de lactancia (materna o de fórmula) también parece influir en los gustos futuros. Sin embargo, los bebés nacen con una capacidad innata de preferencia por el sabor dulce y rechazo por el sabor amargo. Esta capacidad no deja de ser un mecanismo de supervivencia, ya que dependen de otras personas para sobrevivir. La preferencia por el sabor dulce se justifica principalmente en que la leche materna es muy dulce, debido a la presencia de lactosa, y en que los alimentos que son dulces (contienen hidratos de carbono) aportan energía, muy necesaria para el crecimiento del bebé. Por otro lado, el rechazo por el sabor amargo también tiene una explicación fisiológica, y se debe a que los venenos y las sustancias tóxicas que pueden dañar al bebé son amargas, por lo que las papilas gustativas tienen una sensibilidad muy alta a los sabores amargos, detectándolos rápidamente y a dosis muy pequeñas y evitando así posibles intoxicaciones.

 

Sin embargo, esta capacidad innata se pierde con el tiempo, durante la infancia y hacia la adolescencia, perdiéndose la preferencia por el dulce y el rechazo por lo amargo. Esto ocurre siempre y cuando no se influya de forma directa, por ejemplo, ofreciendo alimentos dulces a los niños. La consecuencia de ello no sólo es que evitamos la pérdida de la preferencia innata por el sabor dulce sino que también fomentamos una necesidad de alimentos muy dulces (el umbral y la tolerancia del sabor dulce aumentan) y una activación del sistema de recompensa cerebral, sobre todo si su ingesta está asociada a premios o recompensas.

 

La mayor parte de nuestras preferencias alimentarias no son innatas ni vienen determinadas de forma biológica sino que son aprendidas en base a las experiencias vividas, que mezclan recuerdos, olores, texturas, colores, situaciones y emociones, entre otros. Tras probar un alimento, podemos decidir aceptar o rechazar su sabor; es lo que se conoce como “aprendizaje sabor-sabor”. La aceptación de un sabor nuevo suele ser mejor si se combina el sabor nuevo con alguno ya conocido y previamente aceptado. Del mismo modo, es más fácil que se rechace un sabor nuevo si este viene acompañado de algún alimento que ya de por sí se suele rechazar o bien que se asocia a una emoción negativa. Además, es importante tener en cuenta que la probabilidad de que un alimento sea aceptado por un bebé en su primer contacto con él depende de la edad en que sea probado por primera vez. De esta forma, en los primeros meses de vida, la probabilidad de aceptación en la primera vez es mucho mayor, mientras que en la etapa de los 18 a los 24 meses es más frecuente que se produzca rechazo a nuevos sabores o incluso a sabores que aceptaba anteriormente. Por ello se recomienda dar a probar alimentos nuevos repetidas ocasiones, sobre todo en cierto tipo de sabores.

 

Entre los factores que influyen en las preferencias de los sabores se encuentra también la variedad de sabores, que aumentará la posibilidad de que un sabor nuevo sea aceptado. En este sentido una alimentación monótona desarrollará saciedad sensorial, es decir que nuestros receptores gustativos se acostumbran al mismo tipo de sabor y tienden a rechazar otros diferentes.

 

En cualquier caso, el factor más importante en la adquisición de sabores es el contexto que rodea al bebé, la educación alimentaria que reciba y el modelo a seguir que tenga. Por lo tanto, tratemos de no influir sobre las preferencias de nuestros hijos y dejémosles que experimenten, prueben y desarrollen sus propios gustos. No tienen que gustarnos todos los alimentos.

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