El sol en la piel del bebé. Cuidados y consejosJunio 2013

Hoy en día todos conocemos los efectos dañinos del sol, que afectan sobre todo a la piel expuesta a sus radiaciones, pero que también pueden afectar a otros tejidos del organismo como los ojos o el sistema inmune.

 

Estos efectos dañinos se deben sobre todo a la acción de la radiación ultravioleta (UV), tanto de la ultravioleta A como de la ultravioleta B. Ambas suponen el 5% de las radiaciones solares que llegan a la Tierra. Es importante tener en cuenta que la cantidad de radiación UV que llega a un determinado punto de la Tierra depende de distintos factores como la altitud, el ángulo de incidencia de los rayos solares (diferente según la hora del día, la latitud y la estación del año), la composición de la atmósfera y la existencia de superficies reflectantes como nieve, agua, arena.

 

Entre los efectos nocivos cutáneos se encuentran el riesgo de quemaduras, el mayor envejecimiento cutáneo, las alteraciones en la pigmentación y el más importante de todos, su relación con el cáncer de piel. La asociación entre las radiaciones solares y estas neoplasias está claramente demostrada. Actualmente ya sabemos que la exposición solar acumulativa está más relacionada con el cáncer espinocelular y la exposición solar intensa intermitente, que produce quemaduras, se asocia más al melanoma. De ambos tipos de neoplasias es al melanoma al que más se teme, pues es uno de los cánceres más devastadores que suele afectar a adultos jóvenes y tiene una elevada mortalidad.

 

Por otro lado, el sol es fundamental para la vida en nuestro planeta y también produce en nosotros efectos beneficiosos como la estimulación de la síntesis de vitamina D o el aumento de los niveles de “hormonas de bienestar”, disminuyendo la incidencia de depresiones, entre otros.

 

La toma de conciencia de esta situación, ha llevado al establecimiento de campañas de información y otro tipo de actuaciones, que buscan la sensibilización de la población para hacer un uso responsable de la exposición solar, evitando sus efectos nocivos.

 

En el caso de la infancia hay que tomar especiales precauciones, primero porque es la época de la vida en que la exposición solar es mayor y se calcula que alrededor del 80% de la cantidad total de radiación se recibe, por lo general, en las dos primeras décadas de la vida, y segundo, porque en la piel del niño, sobre todo en la de los bebés menores de 6 meses, los efectos nocivos de las radiaciones solares están más acentuados ya que su piel es un órgano todavía inmaduro y más indefenso ante las agresiones externas.

 

Por supuesto, el hecho de que los bebés sean más susceptibles al sol no significa que no puedan estar al aire libre o en zonas costeras en un día soleado, pero sí que la exposición solar se realice de forma prudente, para ello os ofrecemos una serie de consejos:

 

1. En los primeros 6 meses de vida se desaconseja la exposición directa al sol por la facilidad de los lactantes para sufrir quemaduras, porque son incapaces de protegerse en caso de sufrir un golpe de calor y porque tienen más riesgo de deshidratarse.

 

2. Hay que evitar las horas del mediodía para pasear. Son las horas en las que las radiaciones solares son más intensas y producen más daño. Para pasear con el bebé las mejores horas son las primeras horas de la mañana y las últimas de la tarde.

 

3. Y evitar la playa en los primeros meses de vida. En la playa las radiaciones solares se reflejan en la arena y en el agua multiplicándose su acción nociva.

 

4. Es imprescindible usar medidas físicas de protección suplementaria como sombrillas, gorritos de ala ancha, ropas claras…

 

5. Debemos ofrecer agua al niño, con más frecuencia de lo habitual, para evitar deshidrataciones o golpes de calor.

 

6. Es indispensable la fotoprotección mediante productos solares, pero por sí solos no tienen ese valor si su uso no se acompaña de las medidas de evitación de la exposición solar excesiva que hemos comentado en los puntos anteriores.

En el caso de los niños, se recomienda el uso de protectores solares que cubran el espectro UVA y UVB y que sean resistentes al agua y al frotamiento. Es aconsejable el uso de protectores solares a base de pantallas minerales u organominerales, que tienen un espectro de acción más amplio que los filtros químicos clásicos, son fotoestables y permanecen en la superficie de la piel, evitando el riesgo de penetración y por tanto de fototoxicidad o alergia. En cuanto al factor de protección, hay que elegir un factor muy alto (índice spf 50+). Un buen ejemplo de crema protectora solar mineral, resistente al agua, sin parabenes y de factor adecuado para la infancia es la crema protectora de Mustela.

Conviene recordar que, para un uso adecuado, los protectores solares se deben aplicar de forma generosa 30 minutos antes de la exposición al sol y hay que renovar su aplicación cada 2h o después de cada baño.

 

7. Por último, no debemos olvidar el cuidado de la piel después de la exposición solar. Para ello las cremas hidratantes especialmente formuladas para bebés, sin parabenes, son nuestra mejor arma pues combaten la sequedad cutánea que se produce tras la exposición al sol favoreciendo que la piel recupere su elasticidad natural.

 

Siguiendo estos consejos tan fáciles, no tenemos que temer por la piel de nuestro hijo ni renunciar a los efectos tan beneficiosos que tiene para toda la familia un paseo en un día soleado.

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