Consumo de probióticos durante la lactancia materna, ¿está indicado? Octubre 2016

El equilibrio de la microbiota intestinal (conjunto de bacterias que viven en el intestino) es fundamental para el adecuado funcionamiento de múltiples funciones del organismo, y la disbiosis (alteración de dicho equilibrio) está asociada a mayor riesgo de desarrollar ciertas enfermedades. Durante la lactancia, ciertas situaciones modifican la microbiota intestinal de la madre, por lo que podría estar indicado el consumo de probióticos.

 

¿Qué son los probióticos?       

 

Los probióticos son sustancias que aportan microorganismos beneficiosos para el organismo, de manera que favorecen un equilibrio bacteriano dentro del intestino.

 

Consumo de probióticos durante la lactancia materna, ¿está indicado?

              

La microbiota de la madre (cuya composición depende de múltiples factores, entre ellos la alimentación) va a jugar un papel muy importante en la instauración de la flora intestinal del bebé, tanto durante la gestación como durante la lactancia. Existen determinadas situaciones durante la lactancia que alteran el equilibrio del ecosistema bacteriano de la flora materna, entre las que se encuentran las infecciones en el pezón, la obstrucción, la mastitis o los abscesos. Las infecciones en el pezón producen enrojecimiento de la zona del pezón con escozor y pinchazos al dar el pecho, y pueden llegar a producir una mastitis.  

 

En todos los casos, una de las causas es un desequilibrio en el ecosistema bacteriano, donde se favorecen las bacterias perjudiciales frente a las beneficiosas. Por tanto, y aunque todavía no existen estudios concluyentes al respecto, algunos autores aconsejan tomar probióticos específicos para la lactancia materna (que contengan Lactobacillus y bifidocaterias, principalmente) que aporten gérmenes beneficiosos para desplazar a los perjudiciales.

 

Por otro lado, en los últimos años se ha estudiado la relación entre el consumo de probióticos en la madre lactante y sus efectos sobre determinadas patologías del bebé, y se ha observado que la suplementación con dichos probióticos en la madre puede ser beneficiosa en la prevención y tratamiento de las diarreas o gastroenteritis agudas y de la enterocolitis necrosante del bebé. No obstante, no están claros los riesgos o beneficios a largo plazo que puede tener esta suplementación, por lo que se requieren más estudios al respecto. También existen investigaciones que asocian el consumo de probióticos durante la lactancia con la mejora y prevención del cólico del lactante (parece que los bebés que sufren cólicos tienen menor cantidad de Lactobacillus y bifidobacterias en su intestino), la piel atópica o la infección por Helicobacter pylori. A pesar de que no se han encontrado consecuencias nocivas por el consumo de probióticos, es necesario realizar ensayos clínicos aleatorizados y controlados con un número adecuado de pacientes para poder confirmar estas hipótesis. Por último, es importante saber que si se consumen antibióticos, que destruyen la flora intestinal, se deben tomar probióticos para evitar el desequilibrio bacteriano, a ser posible antes, durante y después del tratamiento.

 

Dónde encontramos probióticos

           

Los probióticos se encuentran principalmente en alimentos fermentados, y no sólo el yogur es fuente de probióticos.  

    

Yogur y leches fermentadas. Se recomienda a embarazadas y lactantes el consumo de al menos 3 raciones de lácteos diarias.  Los Lactobacillus y bifidobacterias son las bacterias predominantes en el yogur. Se debe tratar de consumir yogures naturales y si es posible hacerlos a mano, mejor.    

 

Kéfir. Se elabora a partir de un hongo que provoca una doble fermentación en la leche (se puede hacer también con agua o té), dando lugar a una sustancia espesa, más líquida que el yogurt. Tiene un alto contenido en Lactobacillus y bifidobacterias.

 

Chucrut. Se obtiene de la fermentación de la col (o de otras hortalizas). También es rico en Lactobacillus y bifidobacterias.              

 

Miso. La sopa de miso es tradicional de Japón y se elabora al fermentar una pasta hecha con semillas de soja y/o cereales (centeno, frijoles, arroz, cebada) con koji (proporciona las enzimas necesarias para romper los polisacáridos y transformarlos en azúcar). Contiene elevados niveles de Lactobacillus y bifidobacterias.        

 

Kombucha. Bebida china obtenida por la fermentación de las hojas de té negro.        

 

Tempeh. Producto que procede de la fermentación de la soja, muy usado por los vegetarianos o veganos.  

 

Kimchi. Preparación fermentada elaborada a base de vegetales (su ingrediente básico es la col china, aunque también se usa el rábano o el pepino) sazonados con especias y acompañados con pimiento, ajo o cebolla.    

 

Encurtidos. Grupo de alimentos que se obtienen tras ser sumergidos en una solución de sal y por su propia fermentación con la ayuda de microorganismos como Lactobacillus, lo que modifica su acidez.              

 

Preparados farmacéuticos con alto contenido en probióticos.

 

En cualquiera de ellos (excepto los preparados farmacéuticos) hay que prestar atención a la cantidad de sal.

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