Consumo de cafeína y lactancia maternaEnero 2018

Es frecuente que las madres lactantes se planteen retomar el consumo de café si durante el embarazo lo dejaron, momento en que pueden surgir dudas acerca de si la cafeína puede pasar al bebé a través de la leche y si ésta implica un riesgo para el lactante.

 

La cafeína, tanto del café como de otras bebidas (infusiones o refrescos), ingerida por la madre pasa a la leche materna en cierta cantidad, de forma que cuando el bebé lacta puede recibir esta cafeína y causarle irritabilidad, insomnio o intranquilidad.  A pesar de ello, el consumo de cierta cantidad de cafeína durante la lactancia es considerado seguro por la Asociación Americana de Pediatría y por la Asociación Española de Pediatría.

 

Se considera que si la dosis de cafeína ingerida por la madre es superior a 300 mg al día es (en dosis únicas no mayores de 200 mg) cuando pueden aparecer síntomas en el bebé. Por lo tanto un consumo de 2 a 3 tazas de café preparado en casa se podría considerar seguro para el lactante. No obstante, hay que tener en cuenta que la sensibilidad de cada bebé a la cafeína es diferente y puede haber niños más sensibles que a una dosis menor presenten síntomas.

 

La cafeína tarda aproximadamente una hora en pasar totalmente al torrente sanguíneo y unas cinco horas en eliminarse por completo del organismo. Por tanto, una estrategia que se puede utilizar para evitar que al bebé le lleguen pequeñas o moderadas cantidades de cafeína es esperar un tiempo desde que se ingiere la bebida con cafeína hasta que se da de mamar al bebé. Si han pasado de 4 a 5 horas, la cantidad de cafeína que queda en el cuerpo de la madre ya es muy baja y, de la misma forma, la cantidad que puede haber en la leche también lo será.

 

En cualquier caso, si el bebé ingiere cafeína también hay que tener en cuenta que no la metabolizan tan rápido como los adultos, por lo que ésta permanece más horas, incluso días, en su cuerpo. Así, es aconsejable no sólo tener en cuenta la dosis de cafeína que toma la madre sino que ésta puede acumularse si se toma de forma habitual y frecuente y estar en una cantidad mayor por efecto acumulativo.

 

Otro aspecto que no se debe olvidar es que la cafeína no sólo está en el café sino que la podemos ingerir a partir de otros alimentos o bebidas. El café tiene entre 40 y 200 mg de cafeína por cada 100 ml según el tipo de café, como bien explicó Juan Revenga en este artículo. De media, un café normal podría tener entre 60 y 100 mg de cafeína. Es decir, que por un café, a priori, no le debe ocurrir nada al bebé. Sin embargo, debemos recordar que la cafeína se encuentra en otras bebidas, alimentos o incluso fármacos. Por ejemplo, una lata de refresco de cola (330 ml) puede tener entre 93-106 mg de cafeína (si es light entre 114 y 122 mg); un té negro de unos 180 ml podría tener entre 4 y 16 mg de teína, 40 g de chocolate negro contienen unos 194 mg de teobromina, en una bebida energética de 330 ml hay entre 100 y 230 mg de cafeína y en una barrita de chocolate energética unos 100 mg. La teobromina y la teína son sustancias de la familia de la cafeína que actúan al mismo nivel y de forma muy similar. Y respecto a los medicamentos, numerosos fármacos, algunos muy comunes, contienen cafeína como excipiente en su composición, por lo que es importante prestar atención. Entre ellos se encuentra la aspirina (50 mg de cafeína por comprimido), la biodramina (50 mg por comprimido) o el desenfriol (32 mg por sobre).

 

En cualquier caso, si a pesar de un consumo bajo de cafeína el bebé presenta síntomas como irritabilidad, problemas para conciliar el sueño o nerviosismo que no son propios de su carácter se recomienda cesar durante unos días el consumo de cafeína y observar su evolución, pues la cafeína podría ser la causa de la irritabilidad y debemos estar atentos a si los síntomas mejoran en el bebé al retirar la cafeína pasados unos días.

 

En resumen, la cantidad de cafeína que se considera segura o de riesgo bajo para el bebé es la ingesta por parte de la madre de menos de 300 mg al día. Es decir, unas dos o tres tazas de café. Aunque se debe tener en cuenta el sumatorio final del día en el consumo de cafeína proveniente de otros productos. Además, si espaciamos en el tiempo la toma de café con la toma del bebé procuramos que la cantidad de cafeína que queda en el cuerpo y en la leche, y por tanto la que llega al lactante sea menor. De cualquier forma, hay que recordar que es mucho más importante mantener la lactancia materna a que pasen pequeñas cantidades de cafeína al bebé (siempre que no le provoquen síntomas), de modo que hay que evitar abandonar la lactancia por tomar una taza de café.

 

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