Causas, métodos y mitos sobre la inducción al partoJulio 2018

Lo ideal es que el  parto comience de forma natural alrededor de la 40 semana de gestación. Pero en ocasiones hay motivos que pueden hacer necesario inducir o provocar el parto artificialmente antes de que comiencen las contracciones. Si es tu caso, y la indicación es correcta, no desesperes. Puedes hacer muchas cosas para participar y vivir la experiencia como si  de un parto natural se tratase.

 

 

¿Qué significa inducir el parto?

 

Inducir el parto significa provocar el parto de manera artificial utilizando una serie de procedimientos para  madurar el cuello del útero y  provocar las contracciones necesarias con el objetivo de que comience el trabajo de parto.

 

 

¿Por qué se induce el parto?

 

El parto se induce cuando las ventajas de finalizar el embarazo son mayores a las de permitir que la gestación continúe. Son situaciones inevitables en las que está en juego la salud tuya o la de tu bebé:

  • En caso de embarazo prolongado: es la más frecuente y se suele programar entre la semana 41 y 42. El motivo es que el bebé nazca antes de que la placenta envejezca y deje de nutrir al bebé.

 

  • Rotura prematura de la bolsa amniótica: si has roto la bolsa y  el parto no comienza de forma espontánea en 12/24 horas. El motivo es para disminuir el riesgo de que el bebé se infecte al estar en contacto con el exterior.

 

  • Causas  que puedan poner en peligro tu salud: enfermedades como una diabetes mal controlada, preclampsia, enfermedades cardíacas...

 

  • Causas que puedan poner en peligra la salud de tu bebé: retraso del crecimiento del bebé, una infección, poco líquido amniótico.

 

 

Otros motivos como la preferencia o la comodidad de que nazca determinada fecha por deseo de la madre o del ginecólogo, no deberían ser motivos para finalizar un parto artificialmente.

 

 

¿Cómo se induce un parto?

 

Al inducir el parto se intenta imitar lo que pasaría en tu cuerpo si el parto comenzase de forma espontánea, es decir, que haya una primera etapa de preparto o maduración del cuello del útero seguida de una segunda etapa de contracciones rítmicas que  inicien el trabajo de parto. Para conseguirlo, existen varios métodos. Lo que determina cual es el más apropiado en tu caso, es el estado del cuello del útero. Para valorarlo y planificar como empezar, es indispensable hacerte un tacto vaginal. Si el cuello no está  centrado, ni blando, ni  borrado, no podrá comenzar a dilatar. Por lo tanto antes de inducir el parto, hay que madurar el cuello del útero como ocurriría de manera natural. Para madurar el cuello se utilizan protaglandinas. Se pueden administrar de forma oral o vaginal (una especie de tampón). Esta etapa puede durar hasta 12/24 horas. Notarás que comienzas a tener contracciones aunque serán irregulares. Mientras podrás hacer vida normal: caminar, comer, descansar…

 

Una vez que el cuello del útero está más favorable (centrado, borrado y blando) está preparado para dilatar. Si las prostaglandinas no han conseguido contracciones rítmicas y regulares capaces de desencadenar y mantener el parto, pasarás a la segunda parte o a la inducción propiamente dicha. Para ello, ingresarás en parotorio, te monitorizarán y a través de una vía intravenosa te administrarán oxitocina sintética, que es la hormona que necesita el útero para contraerse. Se comienza con dosis mínimas y se va subiendo poco a poco hasta conseguir las contracciones deseadas (tres cada diez minutos). Siempre que te administren oxitocina tendrás que estar monitorizada para vigilar la respuesta del útero y del bebé. En algunas ocasiones y dependiendo del protocolo del hospital para reforzar la acción de la oxitocina te romperán la bolsa de forma artificial, ya que hace que la cabeza del bebé baje y presione el cuello del útero favoreciendo la dilatación. Es un procedimiento indoloro que no tiene riesgos ni para el bebé ni para ti.

 

 

¿Qué ocurre si no funciona la inducción?

 

Cuando se decide comenzar una inducción, el objetivo es terminar en un parto vaginal lo más seguro para el bebé y para la mamá. Pero como cualquier técnica, puede fallar, y a pesar de todos los esfuerzos, puede que el parto no evolucione como se desea. No quedará otro remedio que realizar una cesárea.

 

 

¿Qué puedes hacer tú en la inducción al parto?

 

Existen muchos mitos en torno a la inducción que te pueden hacer pensar que va a ser un proceso más duro o más doloroso que un parto de forma espontánea, que vas a estar tumbada en la cama durante horas y horas,  que vas a terminar en una cesárea o un parto instrumentado o  que no vas a poder participar en el proceso. Es verdad que la inducción suele ser un proceso muy largo que requiere de paciencia hasta que comience el parto. Pero también  puedes  tener una vivencia positiva  del proceso como en un parto que ha comenzado de forma espontánea. Confía en tu cuerpo, cambia de postura, mantente en movimiento, controla la respiración y pon en práctica todo lo que has aprendido en los cursos de preparación al parto para que puedas participar y disfrutes de tu parto como 

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