Capacidades sensoriales de bebé: el oído y su relación con el lenguajeSeptiembre 2013

Elisa Ramos - Matrona

El oído es uno de los sentidos más desarrollados del recién nacido y primordial para la  adquisición  del lenguaje  y su desarrollo intelectual y emocional. Comprobar que su audición es normal cuando nace no requiere más que unas sencillas pruebas,  nada molestas para el bebé.  Se suelen hacer antes del regreso a casa, entre las 12 y 48 horas del nacimiento. Si el centro no las hace, o si el parto fue en casa, es muy recomendable que busquéis donde hacérselas  antes del primer mes de vida.  

 

Después es importante estar alerta durante los tres primeros años,  para evitar que pase inadvertida una pérdida de capacidad auditiva.  ¿Cómo? Observando si el bebé  reacciona con normalidad a los sonidos y los ruidos y poniendo atención a la evolución de su particular lenguaje.  Las pautas que daré son orientativas y aplicables a edades aproximadas, porque cada bebé tiene su propio ritmo de desarrollo y no todos  llegan al mismo nivel  a idéntica edad. Pueden adelantarse o  alcanzarlo un poco después.

 

Desde que  un bebé nace reacciona ante un ruido fuerte sobresaltándose, rompiendo a llorar o callando de repente. Durante el primer mes se fija atentamente en quién  le habla y se siente consolado, si llora o está incómodo, si le habláis y le cantáis con dulzura.  La voz humana y los sonidos suaves y rítmicos son los que más le gustan. Sin embargo, también es capaz de aislarse con facilidad del ruido. Puede dormir  durante el día sin problemas a pesar de los ruidos  cotidianos. Pero evitad los ambientes demasiado bulliciosos porque le cansan y le excitan demasiado.  Todavía no es capaz de localizar muy bien la procedencia de los sonidos y es posible que pueda comenzar a emitir algún sonido distinto al del llanto.

 

A los tres meses ya gira la cabeza para intentar localizar de donde proviene un ruido y responde mucho más que al principio ante el sonido de la voz humana.  Si está contento y relajado es posible que cuando le habléis os conteste con algunas risas y  gorjeos.  

 

Hacia los seis meses se ríe abiertamente y reconoce las diferencias de  entonación  de la voz  -particularmente las de la madre y  personas más cercanas de su entorno-,  comenzando  a distinguir el sentido que implican las distintas inflexiones vocales, la intención y las emociones que denotan: si le hablan en tono alegre, cariñoso,  triste,  nervioso… Reconoce también su propia voz,  le agrada su sonido  y comienza a poner las bases del lenguaje articulando unas cuantas y sencillas sílabas -que todavía no pronuncia intencionadamente- para  parlotear y canturrear a su manera.  Lo que sí hará con intención es agitar el sonajero, experimentando con la procedencia de los sonidos.  Más adelante  comprenderá también qué significan.  Por ejemplo, mirar hacia una puerta que se abre porque entiende que ese ruido va unido a la llegada de alguien y quiere saber quién es.

 

Hacia los nueve meses parlotea, imita sonidos y grita para requerir vuestra atención. Es posible que empiece ya a relacionar su nombre consigo mismo, que diga papá y mamá aunque todavía no relacione correctamente la palabra con la persona, y que comience  a entenderos cuando le prohibáis algo. Pero no os hagáis muchas ilusiones,  porque eso no significa que os vaya a hacer caso.

 

En torno a su primer cumpleaños sabe  a quien se dirige cuando dice mamá y papá, que se dirigen a él al cuando oye su nombre,  dice algunas palabras más sabiendo qué significan y entiende algunas más que suele escuchar en su entorno cercano..  Cuando quiera  algo y todavía no sepa pedirlo por su nombre recurrirá a señalarlo con la mano. Entiende las prohibiciones, de palabra y de gesto, pero seguirá haciendo caso omiso muchas veces cuando le digáis e indiquéis  “no”, para evitar que haga alguna cosa. Por ejemplo,  que se pille  los dedos con los cajones.

 

Hacia los quince meses su vocabulario se amplía un poco más, entiende muchas más  palabras de las que dice y  utiliza su propio lenguaje vocal ayudándose con el gestual.  Como pronuncia lo que oye y aprende en su propia jerga muchas veces tendréis que adivinar que dice y ejercer de intérpretes con los demás.  Responde también a requerimientos  sencillos, como pedirle que os entregue alguna cosa, dar un beso, decir adiós… Sobre los dieciocho meses  habla y canta intentando reproducir todo lo que escucha. Es posible que en lugar de negarse a algo con un gesto comience a utilizar ya la palabra “no” y a reconocer el  nombre  de personas conocidas que le enseñéis  en fotografías (papá, mamá, hermanos, otros familiares y  amigos…), así como  el de algunos objetos representados en dibujos.

 

A los dos años su vocabulario se amplía considerablemente. Será capaz de construir frases con unas cuantas palabras e incluirá en ellas los pronombres personales.  A los tres años ya tendréis todo un parlanchín, que conversará con bastante fluidez y os hablará también en pasado.

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