Alimentación en el embarazo, comer para dosJulio 2013

Elisa Ramos - Matrona

Lucía, la hija de una amiga mía, está embarazada. Acaban de confirmárselo y está loca de contenta. Para celebrarlo, se metió entre pecho y espalda un enorme y exquisito bollo repleto de nata y chocolate. Viendo mi cara de circunstancias –creo que le estaba aguando un poco la fiesta- arrugó el ceño y me dijo: “¡Pero, si estoy muy bien de peso, ya me preocuparé cuando engorde más de la cuenta!”

 

Esa frase, con la que parecía querer disculparse activó mi vena consejera. Mira, debes acostumbrarte desde el principio a comer de forma sana y equilibrada. Si esto vale para cualquiera, más para quien tiene que comer para dos: para sí misma y para su bebé.

 

“¡Anda, a ver si al final va ser verdad eso de que hay que comer por dos!”, exclamó divertida. No, mujer, le contesté. Es cierto que la mujer embarazada necesita más calorías, proteínas y vitaminas que cuando no lo está, por su propia salud y para la formación y desarrollo del bebé. Lo que no quiere decir comer el doble, sino controlar el tipo de alimentos y las cantidades.

 

“Y eso, ¿cómo puedo saberlo?“ Es relativamente fácil. Sólo es cuestión de buena información y…de constancia, le dije sonriendo. Lo difícil es que cada cuál sea capaz de  modificar su manera de alimentarse. “Pues, cuéntame qué debo comer y qué no”.

 

Para empezar te diré que tienes que llenar tu mesa de color con hortalizas, verduras y frutas del tiempo cada día. Puedes tomar también diariamente pan, arroz, pasta y patatas. Por supuesto leche, aunque mejor semidesnatada y no en exceso, yogures y queso fresco. Una vez al día carne, bien hecha. Además otra ración de pescado, o dos de pescado al día y ninguna de carne. Lo que no deberías hacer es tomar dos de carne y ninguna de pescado.

 

Los huevos pueden ser uno a días alternos,  y las legumbres dos o tres veces a la semana. El aceite mejor de oliva y la sal yodada, pero las dos con moderación .¡Cuidado también con los quesos curados! Procura olvidarte de los embutidos, los patés y los frutos secos.

 

“¿Y, nada de azúcar?” me preguntó con cara de preocupación y culpabilidad. Pues… el azúcar refinado deberías reducirlo al máximo. Aunque te parezca mentira, el que necesitas te lo darán las cosas que comas, si lo haces bien, y sobre todo las frutas.

 

Me miró con  cara de resignación y dijo: “Vale, lo procuraré”. Después me preguntó si podíamos quedar otro día para que le explicara algo más sobre las cantidades que debería tomar de cada alimento y por qué debía reducir o suprimir algunos.

 

Le conteste que cuando quisiera y nos despedimos. Yo con un “no te olvides que comer para dos no es lo mismo que comer por dos”. Y ella con un  “¡caramba, como cambia una frase por una simple preposición!”

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