
La piel del niño tiene memoria y los daños provocados por el sol durante la infancia son irreversibles, acumularivos y se manifiestan, a menudo, en la edad adulta.
Las quemaduras solares, inmediatas y dolorosas, no son la única consecuencia de una excesiva exposicón a a radiación UV. Con los años, una exposición excesiva y prolongada con repetidas quemaduras solares, da lugar al envejecimiento prematuro de la piel, el debilitamiento del sistema de defensa inmunitario y, en algunos casos, puede provocar cáncer de piel y, a nivel ocular, cataratas, incluso ceguera.
En la piel el sol provoca daños en superficie (quemaduras solares…) y en profundidad (alteración de las células de la epidermis y de las células del sistema inmunitario cutáneo).
Por ello, es muy importante limitar al máximo la exposición al sol y proteger lo mejor posible la epidermis de bebés y niños con productos solares de muy alta protección, a base de pantallas minerales u organominerales, específicamente elaborados para ellos.
Además, no todos los bebés y niños tienen el mismo tipo de piel, por lo que es importante utilizar productos específicamente adaptados al tipo de piel del niño. En caso de niños con la piel aún más frágil que los demás (pieles atópicas, pieles hipersensibles) es necesario utilizar un producto específico para pieles con intolerancias.
Protegiendo a tu hijo del sol, contribuyes a reducir considerablemente el riesgo de que en un futuro, cuando sea adulto, pueda desarrollar cáncer de piel.